Hermenegildo Sábat es conocido como un notorio dibujante cuyos retratos pueden verse regularmente en las páginas del diario Clarín, pero también como un confeso amante del jazz y de la música. A estos temas les ha dedicado varios libros de ilustraciones, fotos y textos breves, como, por ejemplo, Yo Bix, tú Bix, él Bix (1972), sobre el trompetista Bix Beiderbecke o Scat (1974), dedicado a la historia del jazz.
Estuve leyendo en estos días un libro suyo editado hace unos pocos años, Adioses tardíos (BsAs: Clarín / Aguilar, 1998), que tiene la particularidad que no es un libro de ilustraciones, sino de textos. Se trata de una recopilación de artículos suyos aparecidos desde la década del ‘70 que, excepto por algunos sobre escritores como José Donoso o Juan Carlos Onetti, recopilan anécdotas e historias sobre músicos de jazz, como Django Reinhardt, Lester Young, Pee Wee Russell, Eddie Condon, Jelly Roll Morton, Fats Waller y Benny Goodman. Hasta hace 10 o 20 años, este tipo de libros eran de gran interés para los interesados en ciertos géneros musicales, pero hoy en día, con la gran cantidad de información y fuentes diversas a nuestro alcance con gran faciildad – es común encontrar montones de materiales en librerías locales y hasta quioscos de revistas, y ni hablar de la internet- su sentido es más relativo. No quiere decir que los artículos no sean buenos ni interesantes, sino que uno puede, sin mayor problema, conseguir más y mejor información sobre esos temas. Sábat tiene la honestidad de ofrecer una interesante y completa bibliografía al final del libro que denota un conocimiento muy especializado en el tema, cosa que no siempre sucede. De alguna manera, lo más importante y rescatable de estos textos -y es todo un mérito en sí mismo- puede ser su capacidad de transmitir un contagioso entusiasmo por el jazz y la música. Al leer estos artículos, no puedo evitar ir hacia la discoteca con el irrefrenable deseo de volver a escuchar a alguno de los viejos maestros del jazz. Algo que se agradece.
Pero, probablemente, los momentos más destacables de este libro, sean aquellos donde Sábat se pone a contar historias más cercanas, más locales, y nos regala anécdotas sobre Gardel, Piazzolla, Hernán Oliva y hasta con un divertido proyecto para bautizar Dizzy Gillespie a una ola de la costanera de Buenos Aires. Son estas las historias que en nigún otro lado podemos encontrar y que resultan mucho más interesantes que vover a escuchar la historia del gitano Django Reinhardt y su carromato incendiado. Estos son los momentos -lamentablemente no tantos como uno quisiera- que justifican este libro y que le dan sentido.
Un dato de color para los habitantes de Buenos Aires: este ejemplar se consigue estos días muy barato en las librerías de saldos de la calle Corrientes. Aprovechenló.
